Salinger, la biografía definitiva

Categoría: Noticias por el January 22, 2014

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Ayer, martes 21 de enero salió a la venta la esperada biografía del autor conocido como el esquivo, el escapista o el oculto, un escritor icónico que con una obra breve y poderosa que consiguió marcar a varias generaciones de lectores y escritores.

El libro, editado por Seix Barral y escrito por los periodistas David Shields y Shane Salerno, es una de las aventuras culturales más espectaculares de los últimos años que incluye todo tipo de datos, entrevistas, cartas, fotografías, conversaciones desconocidas, hipótesis arriesgadas…y algo inimaginable que se dio a conocer el pasado otoño con la publicación del libro en EEUU, el autor de El guardián entre el centeno dejó listos, al morir en 2010, cinco libros inéditos.

J. D. Salinger se pasó diez años escribiendo El guardián entre el centeno, un libro que ha vendido más de 65 millones de ejemplares, y continúa vendiendo más de medio millón al año.

Con el tremendo éxito de esta obra se convirtió en un mito: Salinger, el hombre herméticamente cerrado que se negaba a hablar. Fue así como construyó para sí mismo un personaje épico, su obsesión por la privacidad y el desconocimiento sobre su vida han formado una gran leyenda alrededor del autor.

Esto es lo que ha llevado a los periodistas Shields y Salerno a descubrir más sobre este desconocido e intentar responder a tres grandes preguntas; por qué dejó de publicar; por qué desapareció y qué escribió durante los últimos cuarenta y cinco años de su vida.

Las biografías anteriores sobre Salinger tenían tendencia a basarse en pequeñas colecciones, por lo que estos periodistas decidieron ir un paso más allá.
Durante 9 años han entrevistado a más de 200 personas en los cinco continentes, muchas de las cuales se habían negado anteriormente a hacer declaraciones.
Además el libro ofrece un apartado denominado “conversaciones con Salinger”, que revelan una serie de encuentros que durante más de medio siglo tuvieron distintos periodistas, fotógrafos, investigadores, fans y parientes. Estos episodios permiten que el lector se vaya acercando cada vez más a un autor que había sido rotundamente inaccesible durante más de medio siglo.
A continuación ofrecemos algunos fragmentos de 3 de las 12 “conversaciones con Salinger”

Conversación N° 1

Salinger tenía unos andares marciales y disciplinados. Era un tipo larguirucho, de aspecto bastante distinguido. Llevaba cazadora y el pelo bien peinado le daba bastante pinta de Ivy League.

-¿Es usted J. D. Salinger? -le pregunté, porque no lo reconocí de las fotografías.
-Sí -me dijo él-. ¿En qué puedo ayudarlo?
-Esperaba que me lo pudiera decir usted -le dije en tono muy dramático.
-Venga ya -me dijo él-. No empiece con esas cosas. ¿Está usted recibiendo tratamiento psiquiátrico?

Yo le dije que había dejado mi trabajo y había venido en coche desde Canadá para verlo a él. Le dije que no recibía tratamiento psiquiátrico y que lo que necesitaba de verdad era que me publicaran.

-Usted es alguien con quien me podría sentar a tomar un café -le dije-. Me cuesta encontrar a gente con quien me sienta cómodo. Usted piensa como yo.
-¿Qué le hace suponer que pienso como usted?
-Pues lo que escribe.
Me puse a llamarlo “Jerry” porque lo vi muy amigable. Yo me había esperado una figura dramática a lo Humphrey Bogart y en cambio me encontré a mi tío Jarred. A él le preocupaba por qué yo había venido de tan lejos. Fue muy amigable, pero solamente hasta cierto punto. En cuanto averiguó que yo estaba allí porque pensaba que él pensaba igual que yo y quería hablar con él sobre cosas profundas, se frustró mucho.

Se le encendió algo dentro; su tono cambió. Se apartó de mi coche y pareció que crecía quince centímetros. Puso una cara larga y sombría.

-¡Soy un simple narrador! -dijo-. Todo es inventado. En mis relatos no hay nada de autobiografía.

 

Conversación N° 5

Salinger cruzó el puente a pie, salió de las sombras, se adentró en la luz del sol y apareció ante mí. Casi levanto los puños, me pongo a bailar y todo eso (…)

Él se me acercó.

-¿Betty Eppes?

Nos estrechamos la mano y me puse a intentar hablar con él.

-Si es usted escritora -me dijo-, tiene que dejar ese periódico.

Fue lo primero que me dijo.

-Vale -le respondí-. Podemos discutirlo.

Él opinaba que los periódicos no servían para nada y que publicar era lo peor que uno podía hacer. Una de las cosas de las que habló fueron los políticos. Me contó que el problema que tenía él con los políticos era que ellos intentaban limitar nuestros horizontes mientras que él intentaba ampliarlos. Yo tiré de unas cuantas palancas y probé unas cuantas cosas; le pedí un autógrafo, solamente para ver qué pasaba. Y caray, menuda respuesta obtuve. Me soltó otro sermón. Lo suyo eran los sermones. Daba la impresión de ser un párroco retirado. El hombre se moría de ganas de subirse al púlpito.

 

Conversación N° 7

Era un avión de hélices, y de pronto dos hombres que tenía sentados justo delante, se dieron cuenta de que se conocían.

-¡Anda, carajo! ¡Jerry! ¡Hace una eternidad que no te veo! ¿Qué demonios has estado haciendo?

Y entonces Charlie Portis se dio cuenta de que aquél era J. D. Salinger. A continuación el hombre empezó a contarle a su amigo los últimos diez años de su vida, y Charlie, como haría cualquier buen reportero, se puso a apuntarlo a mil por hora. Cuando aterrizaron, se dirigió a Salinger, en parte para estar absolutamente seguro al cien por cien de que se trataba de J. D. Salinger. Y le dijo:

-¿Señor Salinger?

El tipo se volvió.

-Hola -le dijo Charlie-, me llamo Charles Portis. Soy del New York Herald Tribune. Estaba sentado detrás de usted por casualidad.

Y solamente había dicho aquello cuando Salinger se puso blanco.

-No se atreverá usted -dijo Salinger-. No se atreverá.

Y Charlie me dijo:

-¿Y sabes qué? No me atreví. Al tipo se lo veía hecho polvo.

 

 

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